ndo tu don de gente.
Cuando habla de política nunca intercambia una idea sin antes imponerte la suya.
Asesina la razón y se entrega sumiso al verticalismo militarista.
Detesta objetivos dimanados por el pensamiento, solo abraza causas movidas por deseos.
Se siente ungido por la historia para hacer historia, aunque sin advertir el histórico fracaso de aquellos que, sintiéndose ungidos por ella, creyeron cambiarla.
Suele andar desalineado y desafiante, en manada y nunca solo.
Desconfía del individuo.
Cuando muestra templanza hay que prestarle atención, pues así busca una miseria para utilizar como señalador.
Su parámetro es pendular y dicotómico: buenos o malos, justos o injustos, nosotros o ellos, vencer o ser vencidos; ricos o pobres, comprometidos o tilingos, cipayos o nacionalistas, elitistas o populares. Todos y todas...
Sabe sacar ventaja de la coyuntura y utiliza con sagacidad la blandura espiritual a la que nos expone la muerte.
Sin un líder se siente un don nadie. Y con uno se cree omnipotente.
El contrapunto es su alimento, el acuerdo un veneno letal.
No ve en la conciliación ganancia alguna, sino una pérdida implícita.
Jamás contesta una pregunta en forma clara, aunque intentará imponer la suya en forma oscura.
Desconfía de las siguientes palabras, las cuales pronuncia a regañadientes e intentará morigerar significados con otras que acompañan:
• Libertad; intenta pronunciarla en un sentido de "liberación" colectivizando su concepción original, es consciente -aunque no menos diletante- del verdadero sentido de la misma, o sea, su espíritu liberal por excelencia.
• Individuo; se pronuncia solo con posibilidad de sentido colectivo. Lo contrario, la esencia de la palabra, envilece.
• Ambición; antes de mencionarla antepone la palabra "sana", puesto que la considera enferma de nacimiento.
• Empresa; recela del espíritu emprendedor como bien social, el único emprendimiento posible es colectivo.
• Propiedad; solo digiere la apropiación después de ser tamizada por la tribu, intentará erosionar derechos que apoyen la propiedad y enaltezcan el fruto del quehacer individual.
• Dialogo; considera esta palabra una zoncera en la que caen los incautos y mediante la cual, ocultos poderes, succionan la sangre del movimiento.
Le encantan los adjetivos descalificativos: cipayo, tilingo, vende patria, gorila, zonzo, careta. Es un acusador serial.
Si bien sus preconceptos están plagados de lugares comunes, detesta el sentido común.
Es una víctima por sobre todas las acciones y circunstancias.
Tira al crematorio todo atisbo de ideas nuevas ya que vive de otras muertas que mantiene embalsamadas.
Es reacio al concepto de posesión, aunque se deja poseer por completo a la voluntad de sus líderes.
Desfallece por lugares de poder.
Es adulón, aunque le encantan los escraches.
Ama las banderas, aunque detesta las diferencias.
Pretende luchar por la liberación, aunque enalteciendo las fronteras.
Denuncia la colonización cultural mirando el logo de nuestras zapatillas y los dibujos de nuestras remeras, aunque grita la acusación a los cuatro vientos apoyándose en amplificadores Marshall, tocada con una guitarra Fender Telecaster y saltando al ritmo del más puro Punk-Rock anglosajón.
Desconfía del profesionalismo, le desagrada la imagen de un individuo especializado, a la vez que considera romántica la reconciliación tribal entre malón y hombre.
Adora los actos voluminosos y las demostraciones de lealtad, puede llegar a matar para ganar un par de metros que lo posicionen más cerca del líder.
¿Pero quién es el representante de tantos atributos?
Es el militante nacional y popular, hombre de masas que acompaña la causa nacionalpopulista, al que defino como NAPU para hermanarlo a su necesidad de pensamiento nacional; Nac&Pop es una pronunciación demasiado british...
Todo lo anteriormente mencionado se ajusta también al femenino, cuya pronunciación correcta no será "LA NAPA" -como indicaría el INADI-, sino LA NAPU...