VIOLENCIA DOMÉSTICA (I)
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Ella era una chiquilla de cinco años, y estaba jugando con su hermano y su hermana en la acera, frente a la casa, en una tranquila tardecita primaveral. Cuando de pronto se le ocurrió pensar que necesitaba algo que había olvidado en su cuarto. ¿Una muñeca, quizás? ¿O sería otra cosa? Lo cierto es que pronto olvidaría qué exactamente había entrado a buscar...
Entró en la casa: una vieja mansión venida a menos por falta de cuidados. Adentro imperaba la oscuridad: la tarde declinaba, y nadie había encendido luces en ninguna habitación... Salvo en la cocina. Pero las dos puertas que daban a la cocina estaban cerradas a cal y canto, y desde adentro se percibían voces iracundas que discutían.
Ella se quedó de pié en el centro del pasillo, escuchando esas voces y preguntándose para sus adentros: "¿por qué será que los adultos siempre discuten por cosas tan tontas?" Y es que al parecer, la discusión giraba en torno a "quién ganaba más..." La discusión fue rápido en crescendo, para cortarse de súbito: el alarido aterrado de su madre atravezó los oídos y el alma de la niña, que a continuación oyó un ruido de vidrios rotos. Espantada, huyó con el mayor sigilo posible, de regreso a la acera frente a la casa. Con las manos vacías, el corazón tembloroso, y los labios apretados. De lo que escuchó, durante años no dijo nada.
Al día siguiente, su padre estaba colocando un vidrio nuevo en el ventanal de la cocina. Ella vio, entendió, y calló por años.
Solo diez años más tarde, cuando hacía cinco que sus padres se habían divorciado, se acercó avergonzada a su madre para confesarle que ella había estado allí, que había escuchado, y solo quería saber: ¿qué pasó aquella vez?
Imaginad por vosotros mismos, la respuesta que recibió.
(Esa chiquilla era yo)










1971 dijo
OJALA que casos asi nunca se viviesen, no se porque tenemos que ser los seres humanos tan destructivos.
2 Julio 2008 | 10:28 PM