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La Coctelera

OTRA OPINIÓN:

¿Y si fuera cierto? ¿Y si REALMENTE fuera cierto? (Piénsalo...)

24 Julio 2008

La Conquista de Beta, Cap. I (continuación)

De haberlo preguntado a esos sabios Captadores Superficiales, os habríais enterado de que Beta no siempre fue como se lo acaba de describir. En un pasado remoto, cuando su atmósfera había sido más densa (y la radiación que llegaba a la biosfera, menor), había habido agua en abundancia a lo largo y ancho del planeta. Y ríos, y océanos, y bosques, y lagos, y montañas. Y había estado habitado por millones de especies animales y vegetales. También habían existido estados y naciones (un difuso remedo de aquello persistía abajo, aunque diluyéndose lenta e imperceptiblemente), conflictos y... contaminación. También (se deduce de lo último), tecnología avanzada. En síntesis, la historia de Beta no había sido demasiado diferente de la nuestra... hasta que sobrevino la Gran Sequía.

No ocurrió en un día ni en dos. Pero poco a poco, como si de un macabro espejismo se tratase (y así se lo consideró, hasta que el fenómeno quedó satisfactoriamente estudiado y demostrado), a los consternados Betanos pareció que la faz de Alfa crecía y enrojecía. Se hicieron los ya mencionados estudios y mediciones, cuyos resultados sembraron el pánico: no era Alfa, quien estaba modificando su conducta. Sino Beta, cuya órbita parecía haberse estrechado; en una 'distancia astronómica' insignificante, pero de consecuencias funestas. Como si con esa sola desgracia no alcanzara, la atmósfera estaba ¡escapando!

En aquellos remotos días se habían producido sucesiones de Cumbres Internacionales de carácter político y científico, que nada aportaron. Compréndase: por más tecnología que tuviesen, los Betanos no podían modificar la órbita de su planeta. Ni traer de regreso a la fugada atmósfera, o retener a la que quedaba todavía. Se intentó por lo menos e invocando la solidaridad internacional, poner freno a las guerras. Objetivo que se consiguió solo parcialmente. Pues mientras determinadas naciones interrumpían el fuego, otras aprovechaban la tregua para atacar sorpresiva y traicioneramente.

Victorias poco valiosas, a esta altura de los acontecimientos. La atmósfera seguía escapando hacia el espacio, la radiación aumentaba, los bosques ardían, los océanos se secaban. Solo en los extremos Norte y Sur, la vida resistía atrincherada. El frío de esas regiones volvía a la atmósfera más densa, impidiéndole huir. Y la radiación incidía mínimamente, merced a la lejanía y la oblicuidad de los rayos de Alfa.

Allá fueron a instalarse los magnates y los poderosos. Pero cuando las gentes sencillas, huyendo de la catástrofe, quisieron acercarse, los expulsaron con violencia diciendo: "No hay espacio para más". Se produjeron sangrientos enfrentamientos en las fronteras de los círculos polares. Pero quienes fueron incapaces de pagar el monto estipulado, no pudieron pasar. Debían permanecer donde estaban, y resignarse a su sino...

Entonces, alguien sugirió la idea: ¡refugiarse en el interior del planeta! Parecía una propuesta plausible, con una única objeción: sería como enterrarse vivos, condenándose a una oscuridad eterna. Por supuesto y como imaginaréis también sin que os lo digan, la solución llegó finalmente. Solo que del lugar más inesperado. Había en Beta un grupo de hombres y mujeres, disperso pero marginado por la gente, que se autodenominaba 'Guardianes de la Ciencia'. Tenían ideas y costumbres extravagantes, y la gente que se consideraba 'cuerda y decente' los rehuía con desprecio. Pero quienquiera se hallara en serias dificultades sabía que podía acudir a ellos en busca de consejo (eso sí: en el mayor de los secretos, para no poner en peligro la buena reputación), y nunca se veía defraudado. Los Guardianes serían excéntricos, pero también eran sagaces y bien intencionados. Fueron los dirigentes de ese grupo, quienes propusieron a la desahuciada Humanidad: "Id vosotros al interior. Nosotros permaneceremos en la superficie, y os proyectaremos nuestra luz".

Al principio había sido difícil, tanto creerles como tomarlos en serio. Pero cuando ya no quedó opción, se decidió intentar esa solución desesperada. Los padres de los padres de los Internos excavaron ciudades y mundos subterráneos (colosal tarea que demandó siglos enteros y el trabajo de muchos brazos decididos), donde pudieran resguardarse las especies que arriba se extinguirían. Y quienes (merced a una labor mental concentrada, amorosa, constante y tenaz) habrían de devenir en Captadores Superficiales, permanecieron afuera, distribuyéndose en la que llamaron su Área de Influencia.

Esto había sucedido hacía milenios. Desde entonces, se habían producido escasos cambios. La radiación había seguido en aumento, cosa que a los pétreos Superficiales tenía sin cuidado. La vida conservaba sus bastiones en los polos Norte y Sur. Pero en pocas generaciones, los humanos que los habitaban habían olvidado su pasado e historia, degenerando en cavernícolas incultos y de modales salvajes, capaces de devorarse vivos los unos a los otros, con tal de subsistir.

De la existencia de los Internos nada sabían. Solo conocían a los Captadores (si bien desconocían, tanto esa denominación como su significado) y los odiaban a muerte. No se dejaban engañar por su apariencia habitual de enormes rocas graníticas. Conocedores también de la verdadera naturaleza de esas 'rocas', se abalanzaban sobre ellas para pulverizarlas, esgrimiendo herramientas de cantería: picos de hierro, mazas, martillo y cincel.

Pues entendieron (o creyeron entender) que aquellos eran quienes mejor se habían adaptado al cambio y, por ende y a largo plazo, los únicos llamados a sobrevivir. Por eso los agredían en toda ocasión posible. Incluso, con riesgo de sus propias vida y salud. Ya que para realizar esas Incursiones Vengadoras, debían introducirse hacia las zonas cálidas, aproximándose a los trópicos, exponiéndose a la radiación y deshidratándose sobre un áspero desierto implacable, bajo los abrasadores rayos de Alfa que jamás perdonaba esa intromisión.

Cuando esos ataques sorpresivos sobrevenían, los Superficiales se defendían a su manera: echaban a correr en línea recta hacia el Ecuador, hasta que sus lentos perseguidores cedían (o caían). En semejantes casos, los Superficiales podían desarrollar una velocidad de hasta ciento veinte kilómetros por hora. Pero ello significaba un increíble derroche de energía, que los Internos pagarían con un súbito apagón en el área afectada. "Disculpad el inconveniente -transmitían los Captadores en esas circunstancias-, pero es que acabamos de sufrir un ataque". '¿Tenéis bajas?", se les preguntaba. La respuesta solía ser más o menos así: "Cayeron dos cerca de la frontera, que fueron tomados por sorpresa. Pronto nos redistribuiremos para suplir la ausencia de la mejor manera posible".

Una de esas pasadas incursiones era recordada como particularmente fatal. Se había producido durante la noche en el Sur, poco después de una similar acontecida en el Norte, y las bajas entre los Captadores se habían contado por decenas (y por miles entre los atacantes. Pero, en términos estadísticos y como ya veremos, el golpe sufrido por los agredidos era peor). En consecuencia, pasada la invasión se había invocado a la tercer Reunión Reproductiva (las dos anteriores, habían tenido por objeto suplir la progresiva ausencia de los Mutados: los Captadores Superficiales iniciales, que si bien vivieron hasta el doble o el triple de lo habitual entre humanos, no alcanzaron la longevidad que poseerían sus descendientes).

Se necesitaban dos individuos para formar un tercero, y la demanda energética para conseguirlo era tal que durante los días siguientes y aunque quisieron, los Formadores ni siquiera tuvieron fuerza para trasladarse. Solo los Recientes pudieron distribuirse provisionalmente, ubicándose en puntos estratégicos. Y así el apagón (que duró entre seis y veintiséis días, de acuerdo a la distancia) no fue absoluto en los asentamientos subterráneos.

De esto, haría ya unos dos mil trecientos años. Desde entonces, se habían producido cinco Reuniones Reproductivas más, aunque siempre avisando previamente, para que abajo supieran tomar previsiones. En cuanto a los ataques procedentes de los círculos polares, no se habían interrumpido. Pero eran ahora más esporádicos y menos letales. A medida que el nivel de radiación seguía aumentando y la densidad atmosférica disminuyendo, abandonar el refugio que aquellos constituían implicaba, para sus habitantes, un riesgo mortal. Y por más que los odiasen, los Demonios de las Sombras ya no atacaban a los Superficiales... a no ser que los últimos cometieran la imprudencia de acercárseles demasiado.

En efecto, esto podía suceder: el Área de Influencia se había ampliado y abarcaba no solo la angosta faja entre los trópicos, sino una mucho más ancha, entre los paralelos 40º de latitud Norte y Sur. Y es que también abajo el mundo había crecido, y con él sus necesidades de energía lumínica. Tal había sido el motivo de las dos últimas Reuniones Reproductivas, que se produjeron con un breve intervalo de sesenta años entre una y la siguiente (cuando la 'norma' eran cinco o seis siglos). Durante la última y con el objeto de mejor cubrir y ampliar dicho área, la población de Superficiales se había propuesto duplicarse. Objetivo matemáticamente inconcretable, al que solo podían aspirar a aproximarse.

Habían entonces 416 Captadores (ya veis que eran pocos). Tras el apareamiento habían 208 individuos nuevos. Sus Formadores estaban exhaustos y, como era habitual, se dejaron caer allí mismo. No estarían aptos para un nuevo intento de reproducción, sino unos nueve días más tarde. Cosa que no harían, pues significaría dejar el mundo subterráneo a oscuras, durante más de un mes (sumando esa espera a la siguiente, y hasta que pudieran trasladarse y completaran la redistribución). Pero los Recientes estaban allí, radiantes, frescos y lozanos.

Una orden partió de Koh ('el Antiguo', pues era el más viejo de los Superficiales y, en realidad, el ser más viejo de su mundo): 'Los nuevos deben aparearse'. Y así se hizo. A los pocos minutos, 208 individuos caían extenuados, mientras 104 Recientes se sostenían de pie. El mandato de Koh se repitió. Los 104 obedecieron y cayeron, dejando a 52 Recientes de pie. Una última orden de Koh produjo 26 individuos adicionales. Entonces Koh desistió de ordenar un intento adicional, declarando 'Suficiente'. Y mientras una comunidad de 780 individuos descansaba de sus fatigas, los 26 formados en último término se distribuían encaminándose a los puntos estratégicos a que Koh los enviara, para que la oscuridad en el mundo interior no fuera absoluta ni tan prolongada.

(CONTINUARÁ...........)

Tags: cuentos

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

1971

1971 dijo

magnifico Domo, un gran abrazo

25 Julio 2008 | 12:37 AM

chavela

chavela dijo

Me encanta!!! Qué imaginación para describir esas técnicas reproductivas!! y esa notable bajeza de los habitantes de los polos dispuestos a destruir todo lo que sea mejor o más evolucionado que ellos aún a riesgo de su propia vida y cómo después de sobrevivir condenando al resto de la humanidad se convirtieron en salvajes, que es lo que realmente eran desde el principio... Me encanta
Besos

25 Julio 2008 | 10:23 AM

domovilu

domovilu dijo

Jí, jí... Chavela:
No sé si te diste cuenta de que en realidad, claro, también cuando hablo de esos "otros" imaginarios, me estoy refiriendo a situaciones que ya nos resultan bastante conocidas, jé, jé....
Ya verás cómo sigue esto. Me parece que te gustará.
Quizás dentro de unas horas coloque lo que sigue, dado que a la noche no estaré.
:-)

25 Julio 2008 | 11:01 AM

chavela

chavela dijo

Sí, por favor, cuélgalo hoy que siga leyendo...
Un abrazo

25 Julio 2008 | 11:46 AM

politica-y-opinion

politica-y-opinion dijo

jeje...

Vaya pelicula....¿quien será el actor principal..?...ah, no...que a ti el cine no te gustaba mucho..jeje :P

25 Julio 2008 | 12:29 PM

domovilu

domovilu dijo

Al actor principal todavía no lo presenté en escena.
Paciencia... ya aparecerá también.
:-)

25 Julio 2008 | 12:48 PM

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“¿Quién sois, señor?”, preguntó Frodo a Tom Bombadil. Y aquel, de habitual alegre y travieso, de súbito se puso serio para, en lugar de responder, devolverle la propia pregunta como un boomerang: “Dime, ¿quién eres tú, solo, tú mismo y sin nombre?” ¿Yo misma Y SIN NOMBRE??? Pues soy una mujer común y corriente a la que apasionan... 1) El estudio. 2) La música. 3) ¡Los fractales! Entre muchas otras cosas, claro.
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