La Conquista de Beta, Cap. II (continuación)

En Nave Tierra, los radares captaron esos movimientos a los que, cuando hubo tiempo de analizar los datos del aterrizaje, no se halló explicación... si bien empezaron a perturbar las mentes de la Comandancia. Una expedición de Exploradores se arriesgó a hacer una salida de reconocimiento. Hallaron lo que esperaban: un desierto duro, anaranjado y llano, de horizontes infinitos. Allá en lontananza, mirando hacia el Norte se podía apreciar el cambio de morfología y clima. Aquí, la temperatura diurna debía ser agradable, pero se sabía que caería en picada al anochecer. Ni una ni otra podía ser disfrutada o incomodar a los exploradores, que vestían trajes térmicos.
Comenzó a desarrollarse el proyecto de asentamiento. Había que alzar campanas semiesféricas cubriendo el terreno en torno a la nave: mamparas fotosensibles que impidieran el paso de la radiación nociva; bajo las cuales se pudieran crear lagos artificiales, campos de cultivo, jardines y ciudades. También había que construir conductos para traer el agua desde el polo (como cabía esperarse y recién se insinuó, se habían asentado en el hemisferio Norte). Y esto era apenas el inicio de un proyecto mucho más ambicioso.
Pero he aquí que las obras avanzaban a paso de tortuga: había insuficientes trajes térmicos antirradiación (sin cuya protección era imposible asomar siquiera la nariz fuera de la nave); y para peor era sumamente aparatoso, lento y agotador trabajar vistiéndolos. Pronto la Comandancia de Nave Tierra se encontró deplorando la ausencia de una mano de obra local, que se pudiera aprovechar. Fue entonces cuando descubrieron las transmisiones.
Por supuesto, los aparatos las habían captado y registrado desde el principio. Solo que en esos momentos de emoción, nadie les había prestado atención. El espacio exterior está plagado de ondas aleatorias de frecuencias diversas emitidas por los astros y demás cuerpos celestes. Es esa estática de la que uno termina por desentenderse al habituarse. Ruido cósmico que en un planeta con atmósfera tan tenue, era de esperar que se seguiría captando con enervante intensidad. Solo cuando un 'Comunicaciones' aburrido les dedicó una pizca de atención adicional, aquel pudo comprobar que aquí no se trataba de nada aleatorio, sino intencional.
Alguien (y más de alguien) estaba transmitiendo y comunicándose en Beta, además de ellos mismos. Las emisiones se producían desde un punto, en una frecuencia. Duraban unos instantes y se interrumpían. Otras emisiones en frecuencia diferente eran emitidas desde otro punto. Se prolongaban unos instantes y se interrumpían. A veces, parecía haber un verdadero diálogo radiado, con preguntas y respuestas. Otras el mensaje se prolongaba: un monólogo sin respuesta; pero eso sucedía en raras ocasiones.
Informó y le fue ordenado: 'Ve a localizar un punto de emisión'. Así que allí fue el desdichado (iba bastante amedrentado), acompañado por dos tripulantes. Los tres iban convenientemente vestidos, equipados y pertrechados. Sintonizaron una transmisión y la rastrearon. Pero la búsqueda terminó en un páramo desértico, en nada distinto del típico paisaje Bético de allende los casquetes polares.
La transmisión se interrumpió. Los agotados exploradores se sentaron a descansar sobre una enorme piedra gris. Si bien en 'Deslizantes' (especie de vehículos individuales, similares a motocicletas pero sin las ruedas que no necesitan pues, una vez puestos en funcionamiento, no tocan la superficie), habían recorrido más de ciento treinta kilómetros. Para llegar hasta aquí y encontrar... ¡nada! La frustración los hacía sentirse todavía más cansados.
Tras tomarse una pausa de diez minutos ("Quizás en el ínterin, las emisiones se reanudaran..."), se levantaron dispuestos a regresar. El Comunicaciones se volvió mientras subía a su Deslizante, dedicando una última mirada hostil al duro paisaje desértico.
-¡Esperen! -clamó. Instintivamente, Sus compañeros se llevaron las manos a las orejas... convenientemente cubiertas por los cascos espaciales. Le lanzaron una mirada iracunda y un mugido ofuscado resonó en los auriculares del inoportuno que, sin inmutarse, dijo:
-No me gusta la cara de esa piedra.
Los otros dos se encogieron de hombros, pero regresaron hacia su compañero, que ya se hallaba firmemente plantado junto a ella.
-¡No es más que una roca! -masculló uno, contrariado- ¿Qué le ves de raro?
-Que no debería estar aquí -respondió con sencillez-. No entona con su entorno.
-¡Oh, ya! -comenzaron las chanzas- He aquí un experto geólogo. ¡En guardia, piedras!: todavía os organizará un concurso de belleza...
-Me gustaría voltearla -prosiguió aquel, impávido-; solo para cerciorarme de que es una auténtica roca, y no oculta nada.
Ni siquiera combinando las fuerzas de los tres, consiguieron dar vuelta la piedra. Como si aquella hubiese sido adherida a la superficie con algún potente pegamento. Las chanzas se reanudaron mientras regresaban a Nave Tierra con las manos vacías. Pero el Comunicaciones meneaba la cabeza y murmuraba:
-No sé... no sé...

Ya de regreso en sus Dominios Privados (ante su consola), cometió un acto osado: sin consultar ni informar a sus superiores, se contactó con la sonda de rastreo que seguía en órbita, barriendo la superficie de Beta. De ella obtuvo un detallado registro topográfico que habría sorprendido a cualquiera. Él, simplemente, asintió con cara de avisado y llevó el mapa a sus superiores.
-No me gustan esas piedras -dijo, señalando lo que eran apenas puntos en su mapa (parcial. Solo mostraba una zona comprendida entre los paralelos 40º y 20º N, y los meridianos + y - 20º [Nave Tierra era 0º])-. Están distribuidas con regularidad matemática. Ningún azar podría haberlas ubicado de esa manera, ni en uno, ni en mil millones de años. Yo no estaría tranquilo hasta no haber volteado una, y espiado debajo.
Por supuesto, esta vez no hubieron chanzas. Sino que se decidió atender la sugerencia del Comunicaciones con inmediata urgencia.






politica-y-opinion dijo
jeje...
A la espera de el próximo capítulo....
26 Julio 2008 | 10:32 PM