La Conquista de Beta, Capítulo III (fragmento)
De entre los Captadores, Hou era el más cercano a la nave. Estaba ubicado a apenas cuarenta kilómetros de ella, que era su nuevo emplazamiento tras el reacomodamiento que siguiera al arribo de aquella. Su posición anterior había estado cuarenta y tres kilómetros al Norte de la actual, en un punto ahora ocupado por el enorme armatoste llegado desde afuera. En menos palabras, solo merced a haber abandonado el lugar con presteza, Hou se había salvado de morir aplastado. Y en el mundo subterráneo, con su cambio de posición, una estrecha faja limítrofe había quedado envuelta en la penumbra: el extremo de una Provincia de Colonos, excavada y habitada durante el último siglo de expansión.
También Hou era un Reciente (un 'niño' de apenas setenta y siete años, formado durante la última Reunión Reproductiva), aunque no un ignorante ni un inexperto. Había adquirido de sus Formadores una sabiduría acumulada durante milenios de recuerdos, reflexión y experiencias. No por ello dejaba de abrigar un profundo, sincero y reverencial respeto hacia Koh, el más antiguo de su raza (¡y su planeta! El mentado tendría entonces, alrededor de mil ochocientos años), al que informaba de cada asunto de importancia (o trivial) y con el que se aconsejaba a menudo. Exactamente éso hizo ahora, al sentirse atacado.
Los Exteriores (como ya se llamaba a los recién llegados del espacio) se le habían acercado trayendo una pesada máquina excavadora con la que acababan de voltearlo. Una vez invertido, Hou recuperó su apariencia humana en forma automática; lo que es decir, involuntaria. Pero sus agresores no lo habían notado todavía: se estaban inclinando con curiosidad sobre el espacio circular que él dejara libre, para estudiar la superficie calcárea. Nuestro Captador aprovechó esta tonta distracción (por supuesto, nada de interés sería hallado en el terreno, fuera de Hou mismo) para reincorporarse con celeridad y emprender veloz carrera hacia el Sur en linea recta (aplicaba el 'método defensivo' habitual, como veis), en dirección al Trópico, mientras establecía urgente contacto con Koh, informándole lo ocurrido.
Por supuesto, apenas Hou se movió los Exteriores lo notaron. Interrumpieron de inmediato cualquier estéril análisis del terreno, e iniciaron la persecución. Pero como quiera que demoraron preciosos segundos en abordar sus respectivos Deslizantes, para cuando quisieron ver, el 'Hombre de Piedra' les llevaba una considerable ventaja.
Entonces llegó la increíble respuesta de Koh:
-Déjate atrapar.
Hou no consiguió dar crédito a lo que oía. Asustado por el precio que tan temeraria acción pudiera cobrarse de él, objetó:
-Pero mi Área de Influencia Subterránea se quedará a oscuras...
-Escucha, Hou -replicó el Antiguo-: el problema es serio, mucho más de lo que crees. Muchas Áreas de Influencia quedarán a oscuras, y centenares de cosas hermosas se perderán para siempre, si no detenemos una invasión apenas iniciada cuando todavía existe la posibilidad de hacerlo. No te aflijas: he conversado con los Internos, les expliqué mis temores y planes, y dieron su acuerdo. Necesito ojos y oídos allá, que vean, escuchen e informen. Quiero saber qué clase de gente son esos Exteriores: si peligrosos o confiables. Déjate apresar.
En ese momento, algo impactó contra la espalda de Hou, provocándole un micrométrico rasguño indoloro en la piel rocosa. Al instante supo que debía haber sido alcanzado por un rayo láser (existía esa clase de tecnología allá abajo, si bien de aplicaciones pacíficas y no bélicas), calibrado para perforar cuerpos menos duros y consistentes que el suyo propio. Pero, no sin picardía, decidió que esta era la excusa que necesitaba para obedecer el mandato de Koh, sin que sus perseguidores sospecharan que se dejaba atrapar voluntariamente. Hou fingió trastabillar y tropezar, caer y levantarse. Para cuando terminó su actuación, estaba rodeado.
Fue incapaz de ver las facciones de sus agresores, ocultos tras el oscuro y brillante vidrio polarizado de sus blancos cascos espaciales. Sin embargo, otros sentidos mejor desarrollados que el de la vista, captaron el hostil nerviosismo de aquellos. Como único medio de tranquilizarlos, adoptó su pose más mansa, permaneciendo inmóvil y con los brazos laxos junto a los flancos; estudiándolos lenta y calladamente con sus ojos oscuros y profundos como simas. Los Exteriores, con gestos y gruñidos en absoluto amables, le ordenaron plegarse a ellos. Obedeció.

No fue bien recibido con su ingreso en la nave. Era patente que los Exteriores le tenían miedo; y lo primero que hicieron con él fue recluirlo, aislado y solo.
Hou se acurrucó en un rincón (el cuarto íntegro podía ser considerado 'rincón', dadas sus minúsculas medidas) e hizo como si dormitara. En realidad, asuntos muy distintos lo ocupaban. En primer término, revisó con discreta atención el sitio en que se hallaba. Así descubrió una cámara-micrófono, oculta en un ángulo pero no lo suficiente para escapar a las 'antenas' alertas del Captador. Aquel se sonrió para sus adentros y simuló no haber visto nada. Después se proyectó hacia la nave.
Había algo en ella que lo atraía y fascinaba, excitando sus sentidos: un enorme corazón de energía pura, poderosa y amenazadora latiendo en su interior: el Reactor que alimentaba la nave, posibilitando su funcionamiento y, en definitiva, la existencia de cada entidad por ella contenida. Así, por lo menos, lo percibió Hou, para quien toda ecuación se traducía en términos de Energía = Vida. Se preguntó cuántos de los suyos serían necesarios para absorber la íntegra energía de ese reactor, dejando a la nave privada del vital suministro. Koh, desde su base en el Ecuador y en permanente contacto con su enviado, ocupaba su mente en cálculos similares.
Horas más tarde, Hou era sacado de su sereno recogimiento para ser estudiado. Fue conducido a una especie de quirófano, lleno a rebosar de cantidad de aparatos sofisticados. Le fue realizada una metódica y meticulosa exploración anatómica computarizada, cuyos resultados dejaron boquiabiertos a los médicos exploradores. En primer lugar, porque las máquinas no hallaron en el interior de ese cuerpo, prácticamente ninguno de los sistemas conocidos y considerados vitales. Hou no tenía corazón, ni venas, ni sangre. No existían en él los más remotos rastros de aparatos digestivo o urinario. Sí había algo que, si se quería insistir en ello, podía ser denominado 'aparato respiratorio'. Pero la definición de 'sistema de ventilación o refrigeración' era, por lejos, más apropiada.
Porque Hou era similar a un generador o condensador de energía, cual pequeño reactor ambulante, lleno de terminales casi a flor de piel, por el anverso y el reverso. El sujeto en sí era altamente radioactivo, y eso parecía develar la incógnita de las 'transmisiones'. Por lo visto, concluyeron los expertos, no se trataba sino de las naturales emisiones radioactivas del individuo, que el sensible instrumental de a bordo confundía con transmisiones radiofónicas.
Simultáneamente, tuvieron la reconfortante oportunidad de felicitarse por no haber renunciado a la protección de sus trajes antirradiación hallándose en contacto o cerca de él. Y más aún por haber tomado la precaución de mantenerlo en el Área Restringida (destinada al uso exclusivo de la tripulación), denegándole el ingreso a la sección de la nave (veinte veces mayor) ocupada por la indefensa población civil. Ambas medidas de seguridad deberían seguir manteniéndose. Paralelamente, se decidió procurar obtener de él, información verbal. Para ello, era menester enseñarle el idioma hablado por la tripulación, tarea a la que se dio inicio casi de inmediato.






politica-y-opinion dijo
Bueno, bueno...
¿Son muchos capitulos?....
27 Julio 2008 | 08:44 PM